Pedro y el lobo

cuentos infantiles pedro y el loboÉrase una vez un pastorcillo llamado Pedro, quien vivía en un pueblo cercano al bosque.

Él se encargaba de llevar a las ovejas a pastar en el campo, pero se aburría tanto que un día se le ocurrió divertirse a costas de la gente del pueblo. Y de la nada empezó a gritar: —¡Ya viene el lobo, ya viene el lobo, auxilio! —.

Con tales gritos, los vecinos alarmados salieron corriendo a ayudarle, pero al llegar se encontraron solamente con Pedro, riendo a carcajadas, porque todos le habían creído. Los vecinos volvieron a su casa muy molestos por la terrible broma del niño. Continue reading

La Manta – Obra de teatro

Título:
La Manta

Autor: Inspirado en un cuento del mismo nombre de Víctor Balaguer. Adaptado por: José Luis García.

Personajes: Marido, Esposa, Abuelo e Hijo.

obra de teatro manta(Comienza la escena con una casa en un extremo y en el otro una farola. Se trata de una calle cualquiera, de un pueblo cualquiera). (Entran el Marido y la Esposa).

Marido: Mi padre lleva viviendo con nosotros 14 años. Ya no lo soporto más.

Esposa: Pero es tu padre…

Marido: Él eligió ser padre y cuidó de mí 25 años. Yo no elegí ser hijo y ya llevo 14 cuidando de él. Es insoportable.

Esposa: No debes olvidar que es tu padre. No puedes echarlo a la calle…

Marido: Pues lo tengo decidido. O él o yo.

(Entran ambos en la casa). (El Abuelo y el Marido salen de la casa. Primero el Abuelo, que camina renqueante y luego el otro).

Marido: Padre, sal ya de mi casa. Te he mantenido por más de 12 años. Vete a donde quieras.

Abuelo: Hijo, no me eches. Soy viejo y estoy enfermo.

Marido: El tiempo ya pasó, padre. Vete y no vuelvas.

Abuelo: Dame al menos una manta para abrigarme. Si no, moriré de frío.

Marido: Accedo a eso, para que veas que buen corazón tengo. ¡Hijo, ven aquí!

Hijo: (Solo su voz a lo lejos sin aparecer en escena). ¡Espera que estoy ocupado!

Marido: ¡Qué salgas de una vez te digo!

(Sale el Hijo).

Hijo: Tranquilo. Haberme dicho antes que estabas enfadado…

Marido: Ve al armario y coge una manta y se la das al abuelo.

Hijo: ¿Y para qué?

Abuelo: Tu padre me echa de casa.

Hijo: Espera, abuelo; voy a por la media manta.

(Entra el Hijo en la casa).

(Sale el Hijo de la casa).

Hijo: Aquí tienes la media manta. Ve y aléjate por lo menos, hasta donde la farola.

Abuelo: No te entiendo.

Hijo: Confía en mi abuelo, ve…

(El Abuelo, sin entender nada, se aleja del muchacho en dirección a la farola).

Hijo: ¡Papá, ven, para que veas que buen hijo soy!

(El Marido sale de la casa).

Marido: ¿Qué quieres?

Hijo: Que ya le he dado al abuelo la media manta.

Marido: ¿Qué has hecho?, ve a dónde está y dale también la otra mitad.

Hijo: La otra mitad la guardo para cuando tú seas tan viejo como el abuelo y te eche también de mi casa.

Marido: ¿Qué dices?

Hijo: Que me has enseñado la lección. Cuando seas viejo, te marcharás de mi casa para que no me molestes.

(Y sin decir nada más, el Hijo entra en la casa).

(El Abuelo al ver que su nieto entra en la casa, se separa de la farola y comienza a alejarse aún más de la casa).

Marido: (Para si mismo).
¿Qué he hecho?

(El Abuelo está a punto de salir de la escena).

Marido: Padre, espere, no se vaya.

(Se acerca al trote hasta el Abuelo).

Marido: Tiene que perdonarme, padre; no sé qué es lo que me ha pasado. Por favor, vuelva usted a casa.

Abuelo: ¿Estás seguro?

Marido: No he estado tan seguro de algo en toda mi vida. Vamos a casa, que le prepararé una buena sopa para cenar.

(Los dos se acercan hasta la casa y al llegar el Marido entra en la casa).

Marido: Voy a hacerle una sopa estupenda.

(Y entran ambos en la casa).

Cenicienta – Obra de teatro

Título: Cenicienta.

Personajes: Narrador, Cenicienta, Hermanastra 1, Hermanastra 2, Madrastra, Paje, Príncipe, Hada Madrina, ayudantes de vestido. Adicionalmente gente para la fiesta.

obra de teatro cenicientaNarrador: Cenicienta, era una dulce y amable joven, que vivía con sus dos hermanastras y la madre de ellas. De las cuales no recibía más que malos tratos. (Las dos hermanastras se encuentran en el salón hablando del palacio).

Hermanastra 1: (Grita)
¡Cenicientaaaa! Tráeme mis zapatos.

Hermanastra 2: (Grita)
¡Cenicientaaaa! ¿Terminaste mis deberes?

(Cenicienta entra a escena a toda prisa con los zapatos en mano)

Cenicienta: (Se dirige a la hermanastra y le da los zapatos)
Aquí tienes. (Se dirige a la otra) he lavado toda tu ropa, he colgado tus vestidos…

Narrador: En eso llega la madrastra.

Madrastra: Cenicienta, ¡deja ya la charla!, no pierdas más tiempo y anda a planchar ahora mismo.

Cenicienta: Si Señora.

Narrador: Antes de que Cenicienta se marche a cumplir con más labores. Un paje de palacio llama a la puerta.

Paje: Buenos días, traigo esta carta desde el palacio. (Le ofrece la carta).

Cenicienta: Muchas gracias, (Toma la carta)
que tenga buen día. (Cierra la puerta) ¡Una carta de palacio!

Hermanastra 1: (Le quita la carta)
¡Dámela!

Hermanastra 2: (Le quita la carta a su hermana)
¡Déjame a mí!

Madrastra: (Le arrebata la carta)¡ Niñas, niñas!¡ Esto es para mí!. (Abre la carta y lee).

Su majestad se complace en invitar a todas las muchachas de esta casa a un baile que se celebrará en honor de su hijo el príncipe… ¡esta misma noche!

Hermanastras: (Bailando y saltando)
¡Arreglemos los vestidos!

Cenicienta: yo no tengo que ponerme.

(Se ríen las otras tres)

Madrastra: No digas tonterías y sigue limpiando, gente con esas fachas no entra a Palacio.

(salen las tres por un lado del escenario riendo y por el lado contrario Cenicienta, se marcha cabizbaja)

Narrador: Se arreglaron para el baile con las mejores galas y dejaron a Cenicienta llorando en un rincón. Pero ella recibe una visita inesperada. (El Hada Madrina entra a escena agitando su barita).

Hada madrina: Buenas noches mi niña, ¿Por qué tantas lagrimas?

Cenicienta: Buenas noches señora. Lloro porque no he podido ir al baile de palacio; no tengo un vestido, ni tampoco un coche que me lleve hasta allá.

Hada madrina: No te preocupes hija mía, que te daré todo lo que haz de necesitar. (Agita su varita mágica y entra por un costado del escenario un coche y un par de ayudantes embellecen a Cenicienta, colocándole un hermoso vestido).

Hada madrina: ¡Estás listo! Vamos, vamos, apresúrate o llegarás tarde.

Cenicienta: Muchas gracias Hada madrina.

Hada madrina: Deberás regresar antes de las doce, a esa hora mis hechizos se rompen.

Cenicienta: Así lo haré.

Narrador: Cenicienta, se monta en el coche y sale a Palacio. Ahí todos quedan asombrados con su belleza e inmediatamente el príncipe la invita a bailar. (El príncipe y Cenicienta bailan por largo rato). Sin darse cuenta dan las doce de la noche y es advertida por las campanadas. Dong… dong… dong…

Cenicienta: ¡Tengo que irme!, se me acaba el tiempo, muchas gracias. ¡Adiós!. (sale corriendo)

Príncipe: No te vayas por favor. Dime quien eres.

Narrador: El Príncipe corre tras de ella, pero ya es demasiado tarde, la bella dama se ha esfumado, solo dejo atrás uno de sus zapatos. (Él recoge el zapato). Días después el paje de palacio visita casa por casa midiendo la zapatilla a todas las muchachas del reino, pues el Príncipe dispuso que se casaría con aquella a la que le calzara el zapato. Llegó entonces hasta la puerta del hogar de Cenicienta.

Madrastra: Cenicienta abre la puerta.

Narrador: Las desesperadas hermanastras, no dieron tiempo a los saludos, de inmediato pasaron al paje para que les midiera la zapatilla.

Hermanastra 1: Ese es mi zapato, ¡Póngalo en mi pie!. (El hombre se inclina y lo prueba). ¡Basta, basta!, me lastima, es demasiado pequeño.

Hermanastra 2: ¡Entonces es mío! Yo tengo el pie más pequeño. (El hombre lo prueba en ella) ¡Bah!, si mi pie no ha entrado, seguro ninguno lo hará.

Cenicienta: Falto yo.

Madrastra: Pero que tontería, anda a la cocina.

Paje: Es verdad, discúlpeme por favor.

Madrastra: No le haga caso, es solo una sirvienta.

Paje: Ordenes son órdenes. Acérquese señorita.
(El hombre lo prueba en ella). ¡Le queda perfecto!. (Sale corriendo a Palacio para dar aviso al Príncipe).

Narrador: Y así fue como el príncipe encontró a Cenicienta. Para casarse y vivir felices por siempre.

El gigante y su hijo

cuentos infantiles gigante y su hijoHabía una vez un gigante que vivía solo con su hijo Lucas; ellos no tenían amigos, tampoco hablaban con otras personas, solamente estaban el uno para el otro.

Un día, salieron a jugar al jardín como era su costumbre, y vieron un pie saliendo de un árbol.

—¿Quien está en mi casa?—dijo el Gigante.

Los niños traviesos del vecindario, salieron de su escondite para explicar que solamente iban allí para jugar porque les gustaba mucho su patio, pidieron disculpas esperando que no se molestasen. En un principio, el Gigante se sentía molesto porque entraron ahí sin permiso, pero al paso de las horas fue olvidando su enojo, sobre todo al ver a los niños jugando con su hijo.

Después de ese día, los niños venían a diario para jugar con el Gigante y su hijo, pero esta vez, lo hacían con su permiso. Así que nunca más estuvieron solos, tenían unos grandes amigos con los que reír, jugar y compartir sus vivencias.

Vivieron felices por siempre.

Fin

Oscar Wilde

El lobo aúlla – obra de teatro

Título: El lobo aúlla.

Autor: Adaptación de José Luis García del cuento de Manuel Pilares

Personajes: 4, Tevo y Kosé, Vecino y Vecino 2.

lobo obra de teatro

(En la escena vemos dos casas, una con aspecto muy pobre en un extremo del escenario, y otra con aspecto rico en el otro extremo del escenario).

(Se escucha el viento).

(Desde la Casa Pobre entran en escena Tevo y Kosé, dos rudos leñadores de aspecto pobre).

Tevo: Kosé, tengo hambre.

Kosé: Cómete una piedra. No tenemos comida y no tenemos dinero.

Tevo: Los vecinos nos darán comida.

Kosé: Los vecinos no te la darán.

Tevo: Aun así, les pediré comida.

Kosé: Haz lo que quieras. Yo vuelvo a casa a ver si encuentro un ratón para comer.

(Kosé entra en la Casa Pobre).

(Tevo se acerca a la Casa Rica).

Tevo: ¡Vecino! (Pasa un rato y no pasa nada).

Tevo:
(Llamando con más volumen). ¡Vecino! (Pasa otro rato y sigue sin pasar nada).

Tevo:
(Con una voz atronadora). ¡Vecino!. (La Casa Rica se mueve, como sacudida por un terremoto). (Vecino entra en escena desde la Casa Rica).

Vecino: ¿se puede saber qué pasa?, ¿un terremoto o qué?.

Tevo:
(Como si nada). Hola, vecino.

Vecino: ¿qué pasa?.

Tevo: Tengo hambre.

Vecino: Pues cómete un plato de sopa.

Tevo: No tenemos dinero y tampoco comida.

Vecino: Trabaja y tendrás dinero.

Tevo: No consigo trabajo y mi hermano tampoco.

Vecino: Pues haber estudiado… Si pudiera te daría algo de comida, pero la situación está muy mala para todos. Lo siento. (Y sin decir ni media palabra más, sale de escena y entra en la Casa Rica). (Tevo se acerca a la Casa Pobre).

Tevo: ¡Kosé! (Pasa un rato y no pasa nada).

Tevo:
(Llamando con más volumen). ¡Kosé! (Pasa otro rato y sigue sin pasar nada).

Tevo:
(Con una voz atronadora). ¡Kosé! (La Casa Pobre se mueve, como sacudida por un terremoto).

(Kosé entra en escena desde la Casa Pobre).

Kosé: ¿Estabas aquí?, no te había oído llegar; estaba entretenido chupando una piedra.

Tevo: ¿Una piedra?

Kosé: Tienen minerales.

Tevo: ¿Una piedra?

Kosé: ¿Te dio comida el vecino?

Tevo: No, me dijo que trabajase.

Kosé: No hay trabajo.

Tevo: Ya… (Un momento de silencio y se escucha el aullido de un lobo).

Tevo: Aquí hace frío.

Kosé: Sí, hace frío aquí afuera. (Otro momento de silencio y se vuelve a escuchar el aullido de un lobo).

Tevo: Los lobos comen y no trabajan.

Kosé: No trabajan y comen.

Tevo: Eso es. Y cuando los lobos no tienen comida se ponen a aullar.

Kosé: Sí. Los lobos no trabajan. No piden a los vecinos. Los lobos aúllan cuando no tienen comida.

Tevo: Sí. Cuando no tienen comida los lobos aúllan así: ¡Auuu!

Kosé:
(Más alto que su hermano). Así: ¡Auuu!

Tevo: (Aún más alto). ¡Auuu!.

(Y así los dos hermanos siguen aullando sin decir nada más, intentando en cada aullido superar el de su hermano. En un momento determinado, ambas casas se tambalean con el sonido de los aullidos. Tevo y Kosé, impasibles, siguen aullando).

(Vecino entra en escena desde la Casa Rica).

Vecino:
(Mientras se acerca a los dos hermanos, que siguen aullando).¿se puede saber qué pasa?, ¿un terremoto o qué?

Tevo:
(Como si nada). Hola, vecino. (Siguen aullando).

Vecino: ¿qué pasa?

Tevo: Los lobos cuando no tienen comida, se ponen a aullar.

Kosé: Sí. Los lobos aúllan cuando no tienen comida. (Siguen aullando).

Vecino: Así no hay quien duerma. (Siguen aullando). (Desde el centro del escenario entra Vecino 2).

Vecino 2: ¿Qué pasa?, no puedo dormir con este escándalo.

Vecino: Tienen hambre y dicen que los lobos aúllan cuando no tienen comida.

Vecino 2:
(A los hermanos). Pero ustedes no son lobos.

Kosé: Pero tenemos un hambre de lobos. (Siguen los aullidos).

Vecino 2: Así no hay quien duerma. (Salen los dos Vecinos y los dos hermanos insisten en imitar a los lobos). (Al cabo de un rato entran los dos Vecinos, traen patatas, zanahorias y otros alimentos; cada uno de ellos lleva una cesta llena).

Vecino 2: Aquí tienen comida.

Vecino: Pero cállense de una vez. (Los dos hermanos detienen sus aullidos).

Kosé: ¡Comida!

Tevo: ¡Vamos a prepararla!.

Vecino: En silencio, por favor. (Salen los dos Vecinos).

Kosé: Tevo.

Tevo: ¿Qué pasa?

Kosé: Los lobos no son tontos.

Tevo: Sí. Los lobos no son tontos.

(Y ambos hermanos entran en la Casa Pobre con las dos cestas de comida).

Fin

El árbol de las risas – Obra de teatro

Título: El árbol de las risas

Autor: Mariana Ramos

Personajes: El árbol, Narrador, Luis, Pedro, Bertha, Gogo (El hombre Malo)

 arbol de las risas obra de teatroSe abre el telón y muestra una placita, que tiene en medio un árbol sonriente, con hojas de muchos tamaños y colores. Dos niños juegan a su alrededor.

Narrador: El árbol que está en medio de la plaza es el más sonriente de todos, la gente del pueblo lo ama, porque comparte sus sonrisas con los demás. De esta forma, nadie puede estar triste.

Después un niño triste entra a escena y se sienta por ahí cabizbajo.

Luis: ¡Ay que tristeza!. (Suspira).

Pedro: (Se acerca a Luis y pregunta) ¿Qué pasa?,¿Por qué estas triste?.

Luis: Me duele la barriga y no me permiten comer helado.

Bertha: (También se acerca). No estés triste. Te presentaremos a nuestro amiguito Risitas y veras que te sientes mejor.

Los tres chicos se acercan al árbol y juegan alrededor de él. Pronto Luis se siente mejor y comienza a reír.

Bertha: ¿Lo ves?, ¡te lo dije!, nuestro amigo Risitas, es especialista en curar la tristeza.

Narrador: Los niños jugaron hasta el atardecer y regresaron a casa muy contentos. (Los niños salen de escena y el árbol se queda solo). Al llegar la noche, el señor Gogo, vino desde un pueblo vecino y fu directo a la placita. A él no le gustaba que la gente fuese feliz, así que aprovechó que no había nadie, para arrancarle las hojas al pobre de Ricitas.

El hombre malo entra a escena, caminando de puntitas, y al llegar al árbol le arranca sus hojitas y lo patea en el tronco, hasta que deja de reír. Después sale de escena.

Narrador: A la mañana siguiente el árbol amaneció enfermo, casi muerto. La gente se puso muy triste cuando lo vio, y la risa desapareció de sus caras.

Pedro: ¿qué le habrá pasado?.

Bertha: ¿Alguien lo lastimó?.

Los niños recogen sus hojitas, lo cuidan, lo riegan.

Narrador: A pesar de los buenos cuidados de los niños, Risitas no mejoraba, hasta que Luis, regresó con una genial idea. (Luis entra a escena)

Luis: Para curarlo, tenemos que darle lo que nos dio siempre.

Todos los niños: ¡Sonrisas!.

Se hace lo que el narrador describe a continuación.

Narrador: Se juntaron todos, haciendo ronda alrededor del árbol, tomados de las manos y empezaron a reír. Rieron tan fuerte que la tierra vibraba. Risitas sacó nuevas hojas y se llenó de vida. En un principio apenas se escuchaban sus risas, pero terminó riéndose tan alto que contagió al Sol. Este envió las risas en cada rayito y así se inundaron de alegría también los pueblos vecinos. Así que el Señor Gogó, no tuvo escapatoria, de sus labios, comenzaron a salir risas. Y jamás tuvo intensiones de dañar al árbol de nuevo.

FIN

Adaptado del cuento “El árbol de las risas” de Mariana Ramos.

¡Vamos a la playa! – obra de teatro

Título: ¡Vamos a la playa!

Autor: Fabián Choque

Personajes: Don Rogelio (El Papá), Doña Lola (La mamá), Timmy (El hermano menor), Sabina (La hermana mayor)

¡Vamos a la playa!, obra de teatroSe abre del telón y aparece toda la familia corriendo por todo el escenario totalmente apurados

Doña Lola: ¡Apúrense por favor que ya tenemos que irnos! ¡Ay! (Sigue corriendo por todo el escenario)

Sabina: (Se pone frente al público toda desesperada. Se queda en silencio por un momento) ¡No encuentro mi bloqueador! (Se coge la mejillas) ¡Me voy a quemar la piel!

Timmy: (Poniéndose a su lado, la abraza y le jala de la mejilla) ¡Gran cosa por este pellejo!

Sabina: (Lo empuja) ¡Cállate, renacuajo! ¡Vete! (Grita desesperada) ¡¡¡Mamá!!!

Doña Lola: (Va hacia ella) ¡Qué pasa, hija!

Sabina: (La abraza) Mamá, no podré ir.

Doña Lola: (La mira sorprendida) ¡Por qué no, hija! (Se acerca a ella) 

Sabina: (Se coge la cara mientras mira a su mamá) ¡Porque me malograré el cutis con el sol!

Timmy: (De lejos) ¡Es pellejo!

Sabina: ¡¡¡Mira, ya cállate!!! (Ve a su mamá) ¡Qué hago, mami! (Apoya la cabeza en su pecho) 

Doña Lola: (Le golpea suavemente la cabeza) Ya hijita (Mira a todos lados como buscando a alguien) Ya, ya, ya (Ve a su esposo) ¡Mira, acá está tu papá! (Toma su mano y lo jala hacia Sabina) ¡Él sabrá cómo ayudarte! (Mira a su esposo y le habla en secreto) ¡Ayuda a tu hija, oye! (Se va) 

Don Rogelio: (Abrazándola mientras mira a su esposa, molesto y le habla en secreto) ¿¡Cómo safaz del bulto, no!? (Mira a su hija) ¡A ver, qué pasa hija!

Sabina: ¡Papá, se me ha perdido mi bloqueador y se va a malograr mi tersa piel!

Timmy: ¡Se va a parecer a la vieja del “Titanic”! (Se ríe) 

Sabina: (Toma un adorno de la mesa de centro y se lo lanza a su hermano) ¡¡¡Ya cállate!!!

Don Rogelio: (Ve a su Timmy) ¡Ya no molestes a tu hermana! (Ve a su hija y la sigue abrazando) 

Sabina: ¡Qué hago, papi!

Don Rogelio: ¡Ya no te preocupes, hija! (Pasa su esposa y le muestra su reloj en señal que se apure) Mira, llegando allá te compraré un sachet para ti solita, ¿OK?

Timmy: ¡Sí, cómprale porque si no todos van a preferir ahogarse en el mar! (La mamá se acerca a él por detrás y se lo lleva de las orejas fuera de escena) 

Doña Lola: (Mientras se lo lleva fuera de escena) ¡Deja de molestar a tu hermana!

Timmy: ¡Auch….mamá me duele! (Mira a su hermana) ¡Ya ves lo que causas, “pellejitos”!

Sabina: ¡Fuera de acá! (Mira a su papá) ¡Papi! (Coloca la cabeza en el pecho de su papá) 

Don Rogelio: Vamos hija (La abraza y camina con ella) ya verás que seguirás siendo la misma chica linda de siempre con o sin bloqueador, ¿Está bien?

Sabina: (Con voz triste) Eso espero (Van saliendo de escena) ¡Ya mi hijita, ya!

Timmy: (Desde fuera del escenario) ¡Ay, Freddy Krugger!

Sabina: ¡¡¡Mamá!!! (Luego de unos momentos, entra Timmy a escena de puntas y se pone a buscar algo debajo del sofá) (Después, saca el bloqueador de su hermana, con mirada maliciosa)

Timmy: Acá está (Se ríe. Después, toma un recipiente con mayonesa y le pone otra etiqueta) 

Timmy: (Va saliendo de escena, caminando y saltando) ¡Hermanita, ya encontré tu bloqueador! (Se va cerrando el telón) 


El mago Merlín

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Fue en aquel tiempo en que Inglaterra no era más que un puñado de reinos que batallaban entre sí, cuando vino al mundo Arturo, hijo del rey Uther.

Su madre murió al poco tiempo del nacimiento; así que su padre lo entregó al mago Merlín para que lo educara. El mago con intensión de proteger al pequeño, lo llevó al pequeño castillo de un noble, y lo educó junto al hijo de este llamado Kay. Así pasaron los años, el pequeño Arturo aprendía sobre todas las ciencias conocidas y, también de aquellas solo destinadas a los magos. Continue reading

El pajarillo herido y el abeto

Obra de teatro: El pajarillo herido y el abeto
Autor: Francisco García Pourriños
Personajes: 14
5 árboles (abeto, roble, abedul, sauce y castaño)/Narrador / Hermanito/Pajarillo/4 Fantasmas (Gordo, Delgado, Alto, Bajo)/Príncipe de hielo/Rey invierno

pajarillo y abeto obra de teatro infantil

Al levantarse el telón, se ve un bosque, con cinco “árboles” en primer plano (abeto, roble, abedul, sauce y castaño). A un lado, el narrador y su hermanito, en el dormitorio de su casa. El hermanito, acostado, y el narrador sentado en una silla, tomándole una mano y en actitud de contarle una historia.

Hermanito: ¡Anda! ¡Cuéntame una historia! ¡Por favor!

Narrador: ¡Cállate de una vez, Dani! ¡No tengo ganas!

Hermanito:¡Por favor! ¡Sólo ésta!

Narrador: ¡Está bien! ¡La última, eh! ¡Prepárate!

Hermanito: ¡Gracias, gracias! ¡Viva! ¡Una bonita, eh!

Narrador: ¡Está bien! ¡Cállate ya! Empezamos…¿Sabes por qué el abeto conserva sus hojas en invierno?

Hermanito: ¡No! ¿Por qué?

Narrador: Te lo diré… ¡Atención!

Érase una vez un pajarillo que tenía un ala rota y no podía volar bien. Se había golpeado contra un tronco al intentar huir de los disparos de un cazador…y volaba lo mejor que podía con su ala rota y se arrastraba hacia el bosque,

Aparece el pajarillo por un lateral

Pajarillo: Tal vez los árboles del bosque me darán cobijo…Voy a preguntárselo…

Narrador: El primer árbol que encontró era un roble. Como estábamos a comienzos del otoño, tenía muchas bellotas y muchas hojas, era muy frondoso. El pajarillo le dijo:

Pajarillo: Señor roble: ¿podría usted alojarme entre sus hojas hasta la primavera? Yo no puedo volar bien con mi ala rota…

Roble: Pero bueno, pajarraco; ¿tú crees que soy tonto? Tú lo que quieres es comerte todas mis bellotas. ¡Largo de aquí! ¡Fuera!

Narrador: El pobre pajarillo se fue, volando lo mejor que podía con su ala rota, hasta que llegó frente a un abedul muy elegante, con su hermoso vestido plateado. El pajarillo le preguntó humildemente:

Pajarillo: Hermoso abedul: ¿me dejaría usted vivir entre sus ramas hasta que llegue la estación buena? Tengo esta ala rota y no puedo volar bien…

Abedul: Pero, ¿cómo se te ocurre pedirme eso, pajarito? ¿No sabes que soy el marqués de la Plata, el abedul más precioso del bosque? ¡Menuda facha tendría contigo ahí arriba! ¡Qué desastre! ¡Búscate otro arbolito! ¡Hay muchos por aquí! ¡Lárgate!

Narrador: El pobre pajarillo se fue, volando y volando lo mejor que podía con su ala rota. ..Estaba algo desanimado.

De pronto, aparecieron unos fantasmas muy juguetones. Se habían escapado de un castillo inglés y pasaban por el bosque, en busca de aventuras. Divisaron al pajarillo y se movieron a compasión. Y se acercaron a él…

Gordo: ¿Qué te pasa, pajarillo?

Pajarillo: Pues que no puedo volar bien con mi ala rota y los árboles del bosque no quieren cobijarme.

Delgado: Nosotros te ayudaremos… Venga, chicos, vamos a ayudarle…

Alto: ¿Cómo podríamos ayudarle?

Bajo: ¿Le cantamos una canción?

Los demás: ¡Bien!¡eso, eso!

Narrador: Y le cantaron esta canción, mientras bailaban alrededor

(Cualquier Canción popular que se quiera enseñar a los niños)

Narrador: El pajarillo se sintió más animado. Y los fantasmas se despidieron:

Gordo: ¿Qué? ¿Ya estás más animado? ¡Alégrate!

Delgado: Bueno, ánimo, pajarillo. Tenemos que marchamos al castillo antes de que se entere mamá.

Alto y Bajo: Sí, vámonos. ¡Adiós, pajarillo! ; sigue intentándolo…

Todos: ¡Adiós! (Desaparecen por un lateral)

Narrador: El pajarillo, más confortado, se dirigió a un sauce llorón, que estaba cerca.

Pajarillo: ¡Hola, señor Sauce! ¿Podría usted guarecerme entre sus ramas hasta que llegue la estación florida? Ya ve que estoy herido: no puedo volar bien con mi ala rota….

Sauce: ¡Lárgate, pajarillo! No acostumbro a recibir extraños en mi casa: no me dejan llorar bien ¿sabes? Así que ¡lárgate!

Narrador: El pobre pajarillo se fue volando lo mejor que pudo con su ala rota. Y llegó a un castaño de copa redonda. Le preguntó humildemente:

Pajarillo: Señor marqués del Castañar, ¿Podría dejarme vivir entre sus hojas hasta la primavera? Tengo un ala rota y no puedo volar bien…

Castaño: No alojo nunca a los forasteros, pajarillo. Lo siento. Lo único que puedo hacer es darte una castaña… ¡Vete!

Narrador: El pobre pajarillo estaba desconsolado. No sabía a quién dirigirse. Siguió arrastrando su ala rota, buscando quien le acogiese…

Entonces el abeto le vio pasar y le dijo:

Abeto: Pero, ¡Chico! ¡Quédate conmigo! ¡No faltaría más…! Mira, ponte aquí, en, esta rama frondosa: creo que es la más calentita. Puedes quedarte aquí todo el Invierno.

Pajarillo: Muchas gracias, señor abeto.

Abeto: De nada. Así me harás compañía.

Narrador: Al poco tiempo, el príncipe del hielo, hijo del Rey Invierno, preguntó a su padre: (Aparecen los dos)

Príncipe del Hielo: ¿Puedo divertirme con cualquier árbol? ¿Puedo soplarles a todos?

El Rey Invierno: Puedes soplar a los que quieras, hijo; pero el árbol que fue bueno con el pajarillo herido, debe conservar sus hojas. A ése, déjale tranquilo.

El príncipe del Hielo: Bien, papá.

Narrador: Y fue soplando y soplando a los árboles, que iban perdiendo sus hojas…

Sin embargo, al abeto, que había alojado al pajarillo herido, tuvo que dejado en paz… y conservó sus hojas en invierno para siempre…

Narrador: Bueno, menos mal Dani se ha dormido…

( y se retira lentamente, mientras cae el telón)

El caracol Cardín

El caracol Cardín.

Personajes: Narrador, Cardín, Catarinas, Mariposas, Caracoles, Hada, Luna, Pez.

caracol Cardín obras de teatro

Narrador: Señoras y señores vamos a representar la historia de un pequeño caracol que vive en este bosque.

Entran los caracoles listos para iniciar una carrera, las Mariquitas cantan y las Mariposas bailan entre las flores.

Narrador: Todos los animales eran muy felices en este lugar encantado, porque jamás había entrado algún ser humano. Y ellos tenían como regla principal nunca salir del bosque. De pronto, un horrible grito interrumpió su festejo.

Catarinas: ¿Qué fue eso?

Mariposas: ¿Qué sucede?

Entra el caracol Cardín llorando y gritando.

Caracoles: ¡Qué horror ?

Cardín: ¡Bua, Bua!

Caracoles: ¿Qué pasa?

Catarinas: ¿Te has golpeado la Cabeza?

Mariposas: ¿Te duele la barriga?

Cardín: ¡No! ¡No! ¡Y mil veces no! (Se tira al suelo y sigue gritando)

Narrador: Cardín lloró por horas. Y sus amigos estaban desesperados.

Catarinas: ¡Dinos que te pasa!

Mariposas: ¡Déjalo, está enfermo!

Caracoles: Nos ablandarás con tus lágrimas.

Catarinas: ¡A callar todos!

Caracoles: Tenemos que encontrar una solución. Llamemos al Hada Margarita

Todos: ¡Hada Margarita! (y entra el hada)

Hada: ¿Que pasa amigos?

Caracoles: Oh pequeña hada, tenemos un gran problema

Catarina: Cardín ha llorado tanto que está a punto de inundar el bosque. ¡Ayuda!

Hada: (Se acerca a Cardín). ¿Por qué no dejas de llorar y nos dices que sucede?

Cardín: (Se seca las lágrimas). Fui a dar un paseo y vi una cosa.

Caracoles: ¿Fuego?

Mariposas: ¿Un monstruo?

Cardín: ¡Vi la casa de los humanos!, Bua, Bua

Hada: ¿Pasaste los límites del bosque?

Cardín: Sólo un poco. Y me ha gustado su casa, también quiero que la mía tenga techo y puertas.

Hada: Pero, tú tienes una casa que es perfecta para los caracoles.

Caracoles: Es verdad, es perfecta y nos gusta

Cardín: Bueno, yo seguiré llorando hasta que tenga una casa como la que deseo.

Todos juntos: Hada por favor ayúdalo, no podemos soportar más su llanto

Hada: Bien. Te voy a dar un nuevo hogar. Cierra los ojos. (El hada menea su varita mágica y convierte su caparazón en una casa).

Todos juntos: ¡Ohh!

Cardín: ¡Wow! ¡Maravilloso! (Da vueltas y vueltas presumiendo su nueva casa).

Narrador: Cardín quería enseñarles a todos su nuevo hogar, pero llegó la noche y todos los animales se fueron a dormir.

Cardín: Yo no quiero dormir. Voy al río a beber y enseñar a mi casa a la Luna. ¿Has visto una casa como esta Luna? (decía el caracol presumiendo)

Luna: ¡Bahh! Yo he visto maravillas. Castillos y palacios mucho mejores que tu casa.

Cardín: (Con mueca de desaprobación) ¡Que desagradable!

Narrador: Cardín se acerca al río a beber. Pero su casa es tan pesada que de cabeza al agua.

Cardin: ¡Socorro!

Pez: ¿Qué tipo de pez es usted?

Cardín: Un caracol, ¿Me puedes ayudar?

Pez: ¡Imposible!, no sé cómo hacerlo

Cardín: Luna, ¿Puedes ayudarme?

Luna: ¿Qué debo hacer?

Cardín: Llama al hada Margarita

Luna y Pez: (Gritando) ¡Hada de la margarita!

Hada: ¿Quién me llama?

Cardín: Hada, por favor ayúdame, quítame este peso inútil.

Hada: Lo haré si prometes no ser tan caprichoso y chantajear a otros con tus lágrimas

Cardín: Sí lo prometo.

Narrador: El hada le da la mano para sacarlo del rio, después despierta a sus amigos, y frente a ellos le devuelve el caparazón. Desde entonces, Cardín dejó de ser tan caprichoso.

¡Y colorín colorado, el cuento del caracol Cardín ha terminado!