Obra de teatro corta

La importancia de las obras de teatro




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La importancia de las obras de teatro

 Desde la formación de las culturas antiguas, el teatro se utilizó para que la sociedad pudiera exponer los elementos de su cotidianeidad. Debido a la falta de otras artes, el teatro ganó inmediatamente el lugar como una de las formas artísticas más antiguas y primarias que conoce el hombre, siendo así una de las más accesibles y al mismo tiempo más complejas.

Desde su escalón privilegiado, servía como espacio para que se expusieran a tono de tragedia o comedia elementos de la vida diaria. Ayudándose de la creatividad, se crearon guiones, historias
y se desarrollaron modos de interpretarlas. Además, se establecieron escenografías, música, baile y muchos otros elementos que hoy hacen del teatro un fenómeno muy completo.

La accesibilidad consiste en que no se necesita una gran inversión para poder montar una obra de teatro, pero a la vez, la complejidad reside en el trabajo que conlleva su elaboración, ya que una misma obra puede ser representada miles de veces y cada una de ellas con significados diferentes, pues la función de estas es ser el reflejo de una sociedad.

El teatro es una de las pocas artes que requieres de un gran esfuerzo, pues se conjugan en él, infinidad de disciplinas artísticas, se trabaja inevitablemente en equipo, y tienen que conciliarse un sinfín de personalidades distintas, por eso el éxito de las obras de teatro depende mucho de la buena relación del equipo de trabajo. Lo más importante es que todos tengan la disposición y una misma visión del guion.

Muchos teóricos afirman que la función principal del teatro el divertir, pero no solamente se trata de eso, una obra de teatro siempre tiene un mensaje y generalmente son temas de reflexión o una moraleja, por lo que es importante, lo repetimos nuevamente, que todos los participantes tengan la misma visión y se pueda lograr el objetivo.

Obra de teatro – Las cuatro ranas




4.2 (84.85%) 33 votes

Título: Las cuatro ranas.

Autor: Adaptado de la Leyenda de las cuatro ranas.

Personajes: Narrador, Rana 1, Rana 2, Rana 3, Rana 4.

Escenario: un rio, un tronco, una cascada.

cuatro ranas obra de teatro cortaNarrador: Cuatro ranas se encontraban sentadas sobre un tronco que flotaba en la orilla de un río. De pronto el madero fue arrastrado por las aguas. Las ranas, sorprendidas por lo que estaba sucediendo observaban interesadas el movimiento del tronco. Esto es una experiencia nueva para ellas y cada una lo interpreta a su manera y expresan sus opiniones.

Rana 1: ¡Qué madero tan maravilloso! Es un tronco mágico que se mueve por fuerza propia como nunca habíamos visto, como si estuviese o vivo, o si tuviese dentro algo que lo impulsa a moverse.

Narrador: La segunda rana mira a la primera con algo de contrariedad y luego se dirige a las otras.

Rana 2: No queridas amigas y compañeras de viaje. El madero no tiene vida ni es mágico. Es como cualquier otro tronco inerte. Lo que se mueve son las aguas del río que van hacia el mar y arrastran el madero.

Narrador: La tercera rana no quiere quedarse atrás y entra también a la plática para corregir a las primeras.

Rana 3: Ni se mueve el madero, ni se mueve el río. Lo único que se mueve es nuestro pensamiento. El movimiento está solo en la mente. Lo demás es pura ilusión. Esta es la verdad.

Narrador: En este punto, las tresranas comenzaron a discutir sobre qué era lo que realmente se estaba moviendo, sin embargo, no lograban ponerse de acuerdo. La discusión se intensifica. Cada una de ellas defiende su teoría lanzando nuevos argumentos sin escuchar la opinión de las demás. Así que decidieron consultar a la cuarta rana, que hasta aquél momento había escuchado todo en silencio.

Rana 4: Se mueve el tronco, el río y nuestro pensamiento. Ninguna se equivoca, todas tienen razón.

Narrador: Al oír esto, las tres ranas de molestaron mucho, porque ninguna quería admitir que la suya no fuera la verdad completa y que las otras no se hubieran equivocado. Así que juntas, tiraron al agua a la cuarta. Y así como ellas, las personas tampoco soportamos que nuestras explicaciones no aclaren todas las condiciones de la vida, y muchas veces preferimos defender nuestras teorías, que atender la realidad.

La cuarta rana, a salvo en la orillas, les grito a las otras tres.

Rana 4: ¡Cuidado! Oigo el ruido de una catarata caerán si no saltamos antes.

Narrador: Pero las ranas estaban tan ocupadas tratando de demostrar que tenían razón, que no escuchan lo que se les advierte. Insisten en imponer su teoría a las demás y no saltan del madero, caen por la catarata, mientras el ruido de las aguas ahoga su discusión.

Las ranas obstinadas cerraron sus ojos a las advertencias, cerraron sus oídos al ruido preveniente de la catarata. Solo les importaba el sostenimiento de su punto de vista y no la verdad.

Obra de teatro – El pastorcillo mentiroso




3.5 (70%) 8 votes

Título: ¡Ayuda!, viene el lobo.

Autor: Adaptado del cuento Pedro y el lobo.

Personajes: Narrador, Pastorcillo, gente del pueblo, ovejas, lobo.

Escenario: El pastizal.

obra de teatro pastorcillo mentiroso(Empieza la escena con el pastorcillo cuidando de las ovejas)

Narrador: Había una vez un pastorcillo que tenía a su cargo todas las ovejas del pueblo. A veces el tiempo se le iba de prisa, pero ciertos días, el chico se aburría de solo ver pastar a las ovejas. Así que un día decidió divertirse a costa de los vecinos.

Pastorcillo: (gritando) ¡Auxilio!, ¡Socorro!, ¡viene el lobo para devorarse las ovejas!

Narrador: En cuanto la gente escuchó los gritos del pastorcillo, fueron corriendo para ayudarle a espantar el lobo, pero el lugar de eso, lo encontraron riéndose por lo bien que le salió la broma. Todos los pobladores volvieron a casa muy enfadados.

(Se apagan las luces por un momento y se encienden de nuevo para ver al chico cuidando de las ovejas)

Narrador: El tiempo pasó, y una semana más tarde cuando el muchacho se aburría del nuevo, volvió a gritar.

Pastorcillo: -¡Socorro! ¡Que viene el lobo y devora las ovejas!

Narrador: Otra vez las personas del pueblo corrieron para ayudarle y lo encontraron riéndose como la primera vez, pero no pudieron hacer más que regañarlo.

Gente del pueblo: Esas bromas que hacen son de muy mal gusto, no puedes portarte de esa manera.

(Se marchan enfadados)

(Se apagan las luces por un momento y se encienden de nuevo para ver al chico cuidando de las ovejas)

Narrador: Sin aprender la lección, semanas después el muchacho hizo la misma broma, una y otra vez, en todas ellas la gente acudía a su llamada de auxilio, solo para encontrar al pastorcillo riendo. Sin embargo, esto había mermado ya la paciencia de los buenos vecinos, y durante una tarde de invierno, mientras el muchacho reunía las ovejas para regresar, vino un lobo de verdad. El jovencito estaba aterrado, un enorme lobo se acercaba saboreándose las ovejas.

(El pastorcillo corre asustado y grita a todo pulmón)

Pastorcillo: ¡Socorro! ¡Que viene el lobo y devora las ovejas!

Narrador: Pero en esa ocasión, nadie en el pueblo salió para ayudar al muchacho, porque nadie cree a un mentiroso, aunque alguna vez diga la verdad.

FIN.