El sastrecillo Valiente – Obra de teatro

Título: El sastrecillo Valiente

Autor: Adaptado del cuento de Los Hermanos Grimm

Personajes: Narrador, Sastre, Gigante de la montaña, Cortesanos, Gigante 1, Gigante 2.

Escenario: Se recomienda su representación con títeres por la complejidad de personajes y escenarios.

Narrador: Lo que cambio la vida de este humilde sastre, no ha sido obra de la casualidad, ni el simple destino, sino de su ingenio que lo llevó por el buen camino.

Una mañana se le antojo para el desayuno una tostada con mermelada, después de prepararla, la llevó consigo al taller para disfrutarla, pero esta lucia tan deliciosa, que pronto las moscas comenzaron a rondarla.

(El sastre, trata de espantar las moscas sobre su tostada en repetidas ocasiones, pero ellas siempre vuelven)

Sastre:¡Eh, quién las invitó a ustedes!

obra de teatro sastrecillo

Narrador: Pero las moscas, que no entendían su idioma, lejos de hacerle caso, volvían a la carga. Por fin el sastrecito perdió la paciencia, sacó un pedazo de paño y empezó a echar golpes. Al levantar el pañuelo, se dio cuenta que había acabado con todas ellas.

Sastre: ¡De lo que soy capaz!, la ciudad entera tendrá que enterarse de esto, ¡Qué digo la ciudad!, ¡El mundo entero!

Narrador: Para lograr su cometido, decidió bordar su gran hazaña en un cinturón: SIETE DE UN GOLPE, decía. Y salió a mostrarle al mundo su nueva habilidad, llevando solamente un queso viejo en el bolsillo y un pájaro que le hacía compañía.

En su marcha se encontró un gigante.

Sastre: ¡Buenos días, camarada!

Gigante de la montaña: ¡Quítate de mí vista, miserable criatura!

Sastre: ¿Ah, sí? (le enseñó el cinturón) ¡Aquí puedes leer qué clase de hombre soy!

Narrador: El gigante vio el emblema “siete de un golpe” en su cinturón y pensó que el sastrecillo había derrotado a siete hombres de una. Por eso le mostró sus respetos, pero no muy seguro de su fortaleza, le retó con una serie de pruebas.

(El gigante agarra una piedra y la exprime hasta sacarle unas gotas de agua)

Gigante de la montaña: A ver si lo haces, ya que eres tan fuerte!

Narrador: El sastre mete la mano en el bolsillo saca el queso y lo aprieta hasta sacarle todo el jugo. Muy impresionado, pero no conforme con esto, el gigante toma una piedra y la arroja muy lejos.

Gigante de la montaña: Anda, a ver si haces algo parecido.

Sastre: Un buen tiro, aunque la piedra volvió a caer a tierra. Ahora verás.

Narrador: Saca al pájaro del bolsillo, lo arroja al aire. El pájaro, encantado con su libertad, alza rápido el vuelo y se pierde de vista.

Sastre: ¿Qué te pareció este tiro, camarada?

Narrador: El gigante se quedó sin palabras, y propuso nuevos retos. A los cuales el sastre salió victorioso. Finalmente, tuvo que aceptar la valentía de aquel hombrecillo.

Gigante de la montaña: Ya que eres tan valiente, ven conmigo a nuestra casa y pasa la noche con nosotros.

Narrador: El sastrecito aceptó la invitación y lo siguió. Cuando llegaron a la caverna, encontraron a varios gigantes sentados junto al fuego, comiendo. Le enseñaron una cama para dormir, sin embargo, era demasiado grande para él, así que, en vez de acomodarse en ella, se acurrucó en un rincón. A medianoche, el gigante se levantó y, descargó un formidable golpe sobre la cama. Luego volvió a acostarse, pensando que había acabado para siempre a tan impertinente sastrecillo. A la madrugada, los gigantes, se disponían a marcharse al bosque cuando, de pronto, vieron al hombrecillo contento saltando en la cueva, aquello fue más de lo que podían soportar, y pensando que iba a matarlos a todos, salieron corriendo, cada uno por su lado. Y el sastre prosiguió su camino. Tras mucho andar, llegó al jardín de un palacio real, y como se sentía muy cansado, se echó a dormir sobre la hierba. Mientras estaba así durmiendo, se le acercaron varios cortesanos, lo examinaron par todas partes y leyeron la inscripción: SIETE DE UN GOLPE.

Cortesanos: ¡Ah!. ¿Qué hace aquí tan terrible hombre de guerra, ahora que estamos en paz? Sin duda, será algún poderoso caballero.

Narrador: Y corrieron a dar la noticia al rey, diciendo que sería un hombre extremadamente valioso en la guerra contra los gigantes. Así cuando el sastre despertó se encontró con la noticia de que obtendría la mitad del condado y la mano de la princesa, si los libraba de los gigantes.

Sastre: Justamente he venido con ese propósito. Estoy dispuesto a servir al rey.
Acabaré muy pronto con los dos gigantes.

Narrador: Así, pues, el sastrecito se puso en camino al bosque, seguido por cien jinetes.

Sastre: Esperen aquí. Yo solo acabaré con los gigantes.

Corrió hasta encontrar a los gigantes que dormían tranquilamente, y aprovechó la ocasión para tirarles piedras, se echaron la culpa mutuamente, y terminaron peleándose entre ellos.

Gigante 1: ¿Por qué me pegas?

Gigante 2: Estás soñando. Yo no te he pegado.

Narrador: Los dos se enfurecieron tanto que arrancaron de cuajo dos árboles enteros y estuvieron aporreándose el uno al otro hasta que los dos cayeron muertos de cansancio. Entonces el sastrecito se posó sobre ellos para que los jinetes pudiesen apreciar que había vencido.

Sastre: Se acabaron los gigantes, aunque debo confesar que el trabajo fue duro.

Narrador: No contento, el rey le encargó otra misión, deshacerse de un unicornio que vivía en el bosque, y para ello el sastrecillo engaño al animal, el cual envistió contra un árbol y se quedó allí atrapado. Siendo poco para su majestad una tarea más se le fue encomendada, atrapar al dichoso jabalí que destrozaba los cultivos; el sastre consiguió encerrarle en una capilla.

Habiendo logrado todas esas hazañas, el rey tuvo ahora que cumplir su promesa y le dio la mano de su hija y la mitad del reino.

Se celebró la boda con gran esplendor, y allí fue que se convirtió en todo un rey el sastrecito valiente.

(Termina la obra con la boda del sastrecillo y la princesa)

Narrador: Con todas sus hazañas dejó más que asombrada a la gente, pues a pesar de su pequeño tamaño y delgada figura había conseguido aplastar a tales fieras, y no fue una labor de fuerza o valentía, el sastre confió ante todo en su potencial, poniendo en práctica su astucia e inteligencia en cada situación.

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